Ventanas
"… A mi llegada
estaba ardiente, todo el fuego en las ventanas…"
"Puedes volver a casa". Ray Bradbury
I[1]
Noviembre va a llegar pronto
y el calor del verano traerá el aroma intenso del incienso,
los geranios retumbarán
en la comarca de…
Me obligo a la escritura
como un ritual que no cesa
día a día
una nueva introspección,
canino vuelto al mundo:
un perro malo.
La selva del mal
nos arrincona en el esternón,
entonces
de vez en cuando,
el veneno más cruel
es el olvido,
olvido mi nombre y
me dejo caer de cabeza,
buceando
olfateo el viento
y me inspiro,
voy al mundo
buscando un cielo A.
II
Identidad:
la claridad
en los ojos
cara de no ser
por el camino del ángel
su próxima mirada;
el fuego que nos detiene
y así otro silencio nos cobija.
Los viejos se presentan en un sueño hacia la muerte
// dejo.
La era de los espejos
me revela sus manos
y los ojos humeantes
son sólo el ancla de mi deseo;
fiebre de los mitos por llegar,
al tiempo lo llaman "nido"
y es mi exorcismo
que impide tu medida
de una siembra anulada
en los suelos llevo
mi existencia
el tímpano y nos transmite
ese surco que les da
el día como un niño.
Yo me voy a dormir
y me oculto
de nuevo
en el espejo,
ese espejo del lenguaje está plagado de cangrejos.
III
Lo que nos arruina
y posterga porque el mundo se ha roto
y ya no hay luna,
se forma la lluvia en el caer
caer
caer.
Me distraigo con las cosas
y en los libros encuentro
la memoria del pueblo
los ecos insólitos del pasado
son rudimentarios alcahuetes
que aún hoy nos devuelven
las mafias de las capitales;
la mugre está en el cuerpo
—dice—
en el olor a podrido
en las carnes,
capiteles de los palacios
habitados siempre por los fantasmas de otras vidas,
errantes en la niebla
los surcos sudados en la materia y el porvenir.
IV
No me digas que ha venido el Mili…
Pipicucú está la ensimismada del diablo:
esa planta empantana cualquier jardín,
—¿no te parece? —
en las aceras y escoltas
me pego un tiro en los huevos
—le dice—
para seguir
y sigo.
Lo que digo ya no me importa,
no hay más abecedarios de la muerte,
que el dicho popular de pantano:
la cruda intensidad de un relato
jugar a ser otros
tomar las voces ajenas para engañar
jugar a la guerra
es el sinsentido que nos atrae ahí
al río
a ahogarse en las profundidades del agua helada
garrafal de montaña
silencios.
V
Ventanas al río
la casa tiene
lo amable se arracima
anfibios pasaportes nos demuelen en la esfera
ni hablar de lo que dice
la madre:
espero el final
otro episodio de la vida
miro por la ventana el infinito
mientras
hace frío en la ciudad,
lo cotidiano se convierte en encierro
—dice de pronto, tragando saliva—,
la pesadez cada vez más impregnada de abandono
y tengo miedo
tenemos
tememos.
[1] Publicado en Revista Lafarium.
