Ventanas

27.09.2025


"… A mi llegada

estaba ardiente, todo el fuego en las ventanas…"

"Puedes volver a casa". Ray Bradbury



I[1]

Noviembre va a llegar pronto

y el calor del verano traerá el aroma intenso del incienso,

los geranios retumbarán

en la comarca de…

Me obligo a la escritura

como un ritual que no cesa

día a día

una nueva introspección,

canino vuelto al mundo:

un perro malo.

La selva del mal

nos arrincona en el esternón,

entonces

de vez en cuando,

el veneno más cruel

es el olvido,

olvido mi nombre y

me dejo caer de cabeza,

buceando

olfateo el viento

y me inspiro,

voy al mundo

buscando un cielo A.


II

Identidad:

la claridad

en los ojos

cara de no ser

por el camino del ángel

su próxima mirada;

el fuego que nos detiene

y así otro silencio nos cobija.

Los viejos se presentan en un sueño hacia la muerte

// dejo.

La era de los espejos

me revela sus manos

y los ojos humeantes

son sólo el ancla de mi deseo;

fiebre de los mitos por llegar,

al tiempo lo llaman "nido"

y es mi exorcismo

que impide tu medida

de una siembra anulada

en los suelos llevo

mi existencia

el tímpano y nos transmite

ese surco que les da

el día como un niño.

Yo me voy a dormir

y me oculto

de nuevo

en el espejo,

ese espejo del lenguaje está plagado de cangrejos.


III

Lo que nos arruina

y posterga porque el mundo se ha roto

y ya no hay luna,

se forma la lluvia en el caer

                                                           caer

                                                                           caer.

Me distraigo con las cosas

y en los libros encuentro

la memoria del pueblo

los ecos insólitos del pasado

son rudimentarios alcahuetes

que aún hoy nos devuelven

las mafias de las capitales;

la mugre está en el cuerpo

—dice—

en el olor a podrido

en las carnes,

capiteles de los palacios

habitados siempre por los fantasmas de otras vidas,

errantes en la niebla

los surcos sudados en la materia y el porvenir.


IV

No me digas que ha venido el Mili…

Pipicucú está la ensimismada del diablo:

esa planta empantana cualquier jardín,

—¿no te parece? —

en las aceras y escoltas

me pego un tiro en los huevos

—le dice—

para seguir

y sigo.

Lo que digo ya no me importa,

no hay más abecedarios de la muerte,

que el dicho popular de pantano:

la cruda intensidad de un relato

jugar a ser otros

tomar las voces ajenas para engañar

jugar a la guerra

es el sinsentido que nos atrae ahí

al río

a ahogarse en las profundidades del agua helada

garrafal de montaña

silencios.


V

Ventanas al río

la casa tiene

lo amable se arracima

anfibios pasaportes nos demuelen en la esfera

ni hablar de lo que dice

la madre:

espero el final

otro episodio de la vida

miro por la ventana el infinito

mientras

hace frío en la ciudad,

lo cotidiano se convierte en encierro

—dice de pronto, tragando saliva—,

la pesadez cada vez más impregnada de abandono

y tengo miedo

tenemos

tememos.


[1] Publicado en Revista Lafarium. 

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